N°214 La dirección es más importante que la velocidad

N°214 La dirección es más importante que la velocidad

N°214 La dirección es más importante que la velocidad

“La vida que llevamos no nos incita a pensar” (Magnus Carlsen)

Hace 17 años, comencé a dinamizar talleres con la metodología Lego Serious Play. El objetivo de los talleres era abordar problemas de negocio de la empresa desarrollando una serie de habilidades como planificación, comunicación, creatividad, colaboración, etc. La manera en que los participantes intervenían era mediante desafíos en los que tenían que construir su respuesta usando piezas de Lego: “Construye el plan estratégico de tu organización, construye la situación de tu equipo actualmente, construye un nuevo servicio que podríamos ofrecer a los clientes…” Como muchos de los participantes nunca habían jugado con Lego previamente, siempre empezábamos con una actividad de calentamiento para que todos ellos pudiesen familiarizarse con las piezas. Ese primer desafío era muy simple. “Tenéis 5 minutos para construir un puente que sea alto, ancho, robusto y estable”. He dinamizado más de 100 talleres y en todos sin excepción pasó exactamente lo mismo (no importa el país, el tipo de empresa o el perfil de los asistentes): Automáticamente, los participantes empezaban a construir los puentes. Una vez finalizados los 5 minutos, los dinamizadores hacíamos las pruebas para verificar que los puentes cumplían los 4 requisitos. Para ello, usábamos algún objeto grande y pesado (una papelera, una jarra llena de agua) y al evaluar los puentes, los destruíamos amablemente ante la mirada de odio de sus constructores. De inmediato comenzaban los reproches. “Es que no sabíamos qué ibais a hacer con el puente, es que no habéis dicho que el puente tenía que soportar esos objetos, es que si hubiese sabido…”. ¿Qué era lo que les faltaba? Información ¿Por qué no contaban con esa información? Muy sencillo: porque a ninguno de los cientos de participantes se le ocurrió nunca PREGUNTAR. Asumieron que ya sabían todo lo que necesitaban y no podían perder tiempo con una tarea de tan poca importancia. Y claro, cuanto más rápido pedaleas, si lo haces en una dirección que no es la que te acerca a tu objetivo, cada vez te alejas más…

¿Qué nos permite priorizar la dirección frente a la velocidad? La reflexión, es decir dedicar tiempo a pensar. Ojo, hay veces que la velocidad es crítica, casi siempre una vez que ya hemos pensado y decidido. El viejo refrán “vísteme despacio que tengo prisa” está repleto de sabiduría.

¿En qué consiste Pensar? En evaluar algo (una situación) con todos sus antecedentes y puntos de vista para entenderla y elaborar ideas. Hablo de pensar como acto creativo y no como acto repetitivo. Para repetir, las máquinas no necesitan pensar mientras que, para crear, nosotros las podemos usar a ellas. Aunque reflexionar consiste en volver a mirar lo que ya pasó, me refiero a mirar hacia adelante, a lo que no ha ocurrido. El hecho de que la Inteligencia Artificial (IA) vaya a ser capaz de hacer lo que nosotros hacemos va a generar un impacto gigante. Como pienso que va a ser inevitable, lo mejor es usar la IA a nuestro favor y generar la máxima confianza. Si nuestra prioridad será crear y dejar la ejecución a las máquinas, es imperativo reformular el sistema educativo.

La hipótesis que quiero demostrar con esta columna es que nuestra principal herramienta es la capacidad de pensar. Y la cruda realidad es que no dedicamos apenas tiempo a pensar ¿Por qué? Porque estamos deslumbrados por la ejecución, dedicamos todo el esfuerzo a perseguir resultados y como no está claro que pensar nos ayuda a obtenerlos, lo consideramos una pérdida de tiempo (como en el caso de los Legos). “Pensar es el trabajo más duro que hay, por eso tan poca gente se dedica a ello (Henry Ford). Hemos diseñado una civilización donde lo que prima es lo útil, lo cuantificable, en la que no está bien visto no hacer nada. Harari sostiene que la palabra que mejor nos describe es “excitados”. Vivimos cada vez más rápido para hacer cada vez más cosas en el mismo tiempo y quien se resiente es la reflexión. Y, por si fuera poco, no sabemos pensar. No educamos a nuestros hijos enseñándoles a pensar. Pensar es un proceso lento. Pensar puede que no nos lleve a ninguna parte. Pensar no tiene respuesta correcta. Pensar consume mucha energía. Pensar es incontrolable, es una amenaza que pone en riesgo lo que ya está establecido. Así que mejor memorizar que pensar. Tampoco nuestras empresas consideran pensar una actividad prioritaria. El primero de los 3 hábitos para una organización inteligente es el de la reflexión. En todas las organizaciones que conozco, se repite la misma queja. El 80% del tiempo se dedica a EJECUTAR, el 19,9% a pensar para EJECUTAR. Pero a pensar sin un vínculo directo con la EJECUCIÓN, no se dedica casi nada. Este cálculo mío carece de rigurosidad científica, pero nadie en ninguna organización me lo ha discutido jamás. Nos asusta lo incierto y nos aferramos cada vez más a lo seguro, a lo predecible. Ni siquiera nos permitimos reconocer cuando no sabemos.

¿Por qué Pensar es importante? Pensar te ayuda a explicarte lo que pasa y prepararte mejor para lo que vendrá. Cuando no piensas, te expones a que sucedan cosas que no quieres, lo que te fuerza a reaccionar cuando ya es demasiado tarde. Parafraseando a Descartes, “si no pensamos, no existimos”. Al contrario que los animales cuya biología les condiciona a hacer para sobrevivir, nosotros podemos elegir pensar primero. Sócrates afirmó  “Una vida vivida sin reflexión no vale la pena”. En un mundo en el que la ejecución la transferimos a las maquinas (automatización), lo único que nos diferencia, todavía, es la capacidad de pensar y eso es algo que no podemos delegar. Mientras las máquinas ejecutan (hace años que la calculadora o el GPS hacen el trabajo sucio por mi) nosotros no permanecemos pasivos, sino que desarrollamos competencias transversales e intemporales de mayor valor como planificar, aprender, relacionarse, autogestionarse…

Nadie discute la afirmación de Peter Drucker sobre los trabajadores del conocimiento como aquellos capaces de generar ideas. Pensar es la máxima expresión del conocimiento porque lleva a crear nuevo conocimiento ¿Cuánto de lo que piensas a lo largo del día es nuevo y creado por ti o repetido de terceros? De hoy en adelante, valdrás en función de las ideas que tengas. Eso significa que si repites lo que hacen otros (que resulta fácilmente automatizable) aportarás poco valor. La IA no piensa y es cada vez más precisa en sus respuestas, pero todavía no pregunta. Tener ideas obliga a ser curioso, lo que se muestra nítidamente en las preguntas que te haces. Recuerda que todo tu proceso educativo consistió en responder preguntas que no eran tuyas. Pensar implica empezar desde las preguntas que te importan a ti, que te mueven. Solo nos podemos cuestionar nuestras creencias o los paradigmas imperantes si los analizamos críticamente. Una columna que escribí hace también 17 años se titulaba “pienso luego aprendo”. No se puede mejorar sin pensar primero.

¿Cómo sabemos que alguien Piensa? La única manera de averiguar si los asistentes a alguno de mis cursos o conferencias están pensando es cuando hacen una pregunta. En el párrafo previo vimos que aprender exige preguntar. La buena noticia es que aprender es un proceso innato y no una habilidad. No hace falta enseñar a un niño a preguntar, basta con no reprimirlo. Recuerdo el verano de 2008 en que mi hijo mayor no paró de preguntar ¿Por qué? Eso sí, preguntar es un arte que se perfecciona. La ciencia avanza a partir de buenas preguntas. Pero nuestra trayectoria como humanidad siempre ha recompensado a los que tenían respuestas. Una cosa que le podemos agradecer a la IA es que está rescatando el valor de la pregunta. Nos estamos dando cuenta de que dependiendo de lo bien que preguntes, obtendrás mejores o peores resultados.

¿Cómo pensar? Somos curiosos por naturaleza. Nuestra búsqueda del conocimiento es instintiva. Los expertos insisten en lo importante que es la calma, la relajación, el aburrimiento o vivir el presente, esperar y no buscar y saber recargar. Se trata no solo de favorecer “instancias sagradas para la reflexión” (igual que tenemos instancias para comer o para dormir) sino de predisponernos a cuestionarlo todo, incluso a nosotros mismos. Eso implica exponerse a desaprender y a neutralizar a los enemigos del aprendizaje, encabezados por el ego y el miedo. Incluso, disfrutar planteándonos siempre ¿en qué puedo estar equivocado? Eso sí, en el mundo de las organizaciones, tenemos que asegurarnos de que la reflexión sea un ejercicio grupal (no solo individual) y planificado como una actividad más del flujo de trabajo.

¿De verdad no tenemos tiempo para pensar? Esa es la excusa más antigua cuando queremos justificar por qué no hacemos algo. El sociólogo Pierre Bourdieu decía “No hay pensamiento sin tiempo para pensar”. La decisión más relevante de tu vida es qué haces con tu tiempo. Las cosas importantes toman tiempo y demasiado hacer conduce a poco pensar. La potencia de la IA para resolver problemas eclipsa nuestra capacidad de identificar, diseccionar y formular problemas nuevos (que es el inicio del proceso de pensamiento). Pero también de entender, de imaginar, de curiosear y de crear porque son actividades que ralentizan el proceso y las juzgamos como tiempo no rentable. Una persona que vive 80 años dispone de más de 700 mil horas. No es verdad que no haya tiempo, simplemente no lo queremos dedicar a pensar. Todo lo que existe en el planeta que no es fruto de la naturaleza es creación de la inteligencia humana. Y si lo creamos nosotros, podemos cambiarlo y empezar a darle relevancia a lo que hemos ignorado hasta la fecha.

¿La Inteligencia Artificial nos ayuda o nos perjudica a la hora de pensar? ¿Tenemos un “nuevo amigo” que nos ayude a pensar diferente? La IA nos recuerda que no hay nada más importante que la Inteligencia y esta se basa en acto de pensar. Hasta hoy, la creación de conocimiento era privilegio nuestro. La IA resulta útil porque nos ayuda a reutilizar el conocimiento que ya existe. Desarrollar una IA para lo que ya sabemos es el camino más fácil. La IA también crea nuevo conocimiento de forma exponencial. Si entreno una IA con todo el conocimiento que existe, es para pedirle que elabore combinaciones sorprendentes y útiles. La IA carece de las restricciones físicas que tenemos los seres humanos para crear conocimiento. Que un robot descubra una vacuna para la malaria o la forma de todas las proteínas significa que 1 millón de robots conectados en red y que utilizan el mismo sistema operativo pueden hacerlo de inmediato mientras que 1 millón de personas tienen que aprenderlo, cada una de ellas. Hay demasiada información y cosas que aprender y las personas estamos limitadas por nuestro cuerpo: dormimos, nos cansamos, nos desanimamos…

Para crear nuevo conocimiento hay que observar discrepancias, buscar conocimiento previo que sirve como punto de partida, experimentar, corregir resultados, etc y en todo ello la IA nos apoya. En el pasado, cuando teníamos menos datos, costaba más trabajo explicarnos por qué ocurrían las cosas. Era más difícil entender si un hecho era una casualidad esporádica o una consecuencia que se podía predecir. Por eso, durante siglos atribuimos la responsabilidad de lo que sucedía a los dioses o al azar. A medida que tenemos más datos, podemos apoyarnos en la IA para comprender mejor la realidad.

¿Existe el riesgo de que la IA piense por nosotros? Por supuesto. Los seres humanos somos vagos en el sentido de que buscamos el máximo ahorro de energía. Pero no nos confundamos porque lo que va cambiando es el conocimiento que manejamos. Mi padre sabe hacer mejor que yo operaciones matemáticas mentales o arreglar el motor del coche. Y a su vez, mi abuelo sabía hacer cosas que mi padre no sabe. Nada de eso les hace más inteligentes ni tampoco menos.

No tiene sentido crear una IA que nos replique, sino que nos ayude a pensar diferente y hacer lo que hasta ahora no podíamos. Que nos provoque con perspectivas lo más alejadas posibles de las nuestras y permita aumentar nuestra inteligencia al interactuar con una “mente” distinta en sus puntos de vista. Podremos incorporar perspectivas diferentes a cada situación que tengamos que evaluar. Por eso la diversidad es tan importante y la IA hace crecer exponencialmente esa diversidad (algo difícil en el mundo físico). La IA ofrece posibilidades ilimitadas porque la combinación masiva de datos alumbra revelaciones que los humanos no podemos alcanzar (nos acaba de ayudar a descifrar papiros de hace 2.000 años). Pero para ello, nos exige nuevas capacidades. No podemos seguir siendo los mismos, tenemos que aprender otras habilidades, cambiar lo que somos capaces de hacer, reinventarnos continuamente para trabajar con la nueva tecnología. La IA potencia la imaginación y legitima el ensayo-error: Dall-e me permite crear imágenes sin importar mi pericia técnica o motora en el manejo del pincel. SI tu trabajo consiste en pensar, la IA te potencia. Si tu trabajo consiste en ejecutar, la IA te sustituye.

La IA no solo nos empuja a pensar sobre la propia IA, sino que nos demanda hacernos preguntas que habíamos dejado de lado: quienes somos, qué es importante, qué queremos o debemos hacer, qué repercusiones tiene crear máquinas que nos sustituyan… Malas noticias si te gusta la comodidad de lo conocido.

Conclusiones

Acabo de regresar de 2 semanas de vacaciones en USA. He visitado algunas de sus principales ciudades, pero también estuve en el pequeño pueblecito del Midwest donde estudié hace 40 años. Me ha llamado la atención la impactante cortesía, educación y respeto del ciudadano medio. También su falta de miedo: apenas se ven rejas, la gente se relaciona con naturalidad y no a la defensiva ni temiendo que tu interlocutor te vaya a hacer algo o viéndolo como un sospechoso. Y, sobre todo la calma. Nadie se salta una cola, nadie toca la bocina en el coche, todo el mundo cede el paso con amabilidad. No olvido que EE. UU. es la tierra del capitalismo, pero no parece ser incompatible con la tranquilidad.

La IA es conocimiento automatizado para que no sea necesaria nuestra intervención. Sin conocimiento no hay IA. El conocimiento es el resultado del aprendizaje y la clave del proceso de aprender son las preguntas y no las respuestas ¿Cuándo preguntas? Cuando estás pensando en algo que te interesa y no sabes ¿Cómo gestionar la sobredosis de información disponible? Llevando una “dieta de información”, priorizando aquello a lo que dedicaremos nuestra atención y aprendiendo a renunciar a todo lo demás (y a perdonarnos por ello). El tiempo, nuestro activo fundamental, es finito y no renovable y necesitamos gestionarlo y no él a nosotros. Entonces, o hacemos menos cosas o nos apoyamos en más conocimiento, sobre todo automatizado.

Dirección vs Velocidad equivale a Pensar vs Actuar. No se trata de que unas anulen a las otras, sino que unas van antes que las otras. Las cosas toman el tiempo que toman y como dice la canción “El rey”, no hay que llegar primero, pero hay que saber llegar

Si quieres progresar, en algún momento tienes que pensar y hacer preguntas. La primera y más importante es ¿Cuáles son nuestros objetivos? Sencillo, pero no fácil. Necesitamos parar, observar, pensar, hacerlo colectivamente y apoyados por tecnología. Por eso, próximamente lanzaremos el Club del Pensamiento Crítico junto con German Naumann y de la mano de Abra Laboratorio de Aprendizaje.

El 6 de marzo impartiremos la conferencia «Hacia un mundo de organizaciones más inteligentes» para el equipo de Intervial.

Desde el 21 de febrero estamos impartiendo la quinta edición del curso «Diseño de Mapas de Conocimiento Crítico» para el Instituto Andaluz de Administración Pública.

Del 6 al 20 de marzo impartiremos el curso «Gestión del conocimiento crítico para la continuidad de las empresas guipuzcoanas» organizado por la Cámara de Gipuzkoa.

El 12 de marzo impartiremos la conferencia «Mapas de conocimiento crítico para el relevo generacional» para la Escola Adminstració Pública de Catalunya.

El 21 de marzo impartiremos la conferencia «Hacia un mundo de organizaciones más inteligentes» para el equipo y clientes de CEGID, invitados por la revista ORH.

El 5 y 19 marzo en Cadabra la magia de aprender, dentro de Abra Laboratorio de Aprendizaje nos acompañará Jesús Martínez, Jefe de Gestión del Conocimiento en Innovación en el CEJFE para contarnos sobre lecciones aprendidas de 18 años de comunidades de práctica en el programa «Compartim» y Diego Barahona, Investigations & HSE Learning de BHP para hablarnos sobre aprendizaje en seguridad en la industria minera.

El 5 de abril participaremos en el desayuno «Curiosidad, Aprendizaje y Empresa» organizado por Abra y Otic Sofofa.

También en abril, en Costa Rica y en México, impartiremos la conferencia «Hacia un mundo de organizaciones más inteligentes» para Walmart y la conferencia virtual «Learnability» para Telefónica.